CRÍTICA DEL PÚBLICO


El documental ACU, RECUPERANDO EL SUEÑO, es uno de esos fragmentos de memoria imprescindibles para comprender las luchas que los colectivos populares han debido dar para mantener a flote la consciencia de quiénes somos. En tiempos donde la batalla por la memoria cobra más y más importancia, son estas obras las que nos dicen cuáles son nuestras armas: la voluntad, el amor y el trabajo para mantener arriba colectivamente la memoria de lo que somos, pasándonos el testimonio, cuidando la llama, uno tras otro, porque somos cuerpo social consciente; órgano que requiere el recuerdo, la experiencia, el oficio, el arte, el color, de mano en mano, para seguir siendo quién es, para seguir mirando hacia el futuro, seguros de lo que hemos sido y lo que queremos ser. De lo contrario, el olvido, la oscuridad y el frío.

Jorge Baradit

Escritor.


Tengo el honor de representar al Archivo Central Andrés Bello, núcleo patrimonial de la Universidad de Chile, para saludar la exhibición del documental ACU: recuperando el sueño realizado por Osvaldo Rodríguez.

Pienso que esta presentación se ubica en un momento clave y muy propicio pues nos encontramos en una doble coyuntura histórica: estamos ad portas de conmemorar cien años del grito de Córdova movimiento de proyección latinoamericana cuyo sentido fue democratizar la universidad y a cincuenta años del inicio de la reforma universitaria en la Universidad de Chile, que buscaba el mismo objetivo con otro lenguaje, reforma que queda truncada por el golpe militar de 1973 y la consecuente intervención militar a las universidades.

Ambos aniversarios nos compulsan a pensar interpelándonos como sujetos históricos en un contexto actual marcado por las demandas por la educación gratuita, por la equidad de género, el respeto por las culturales originarias, entre un sinfín de otras luchas por defender.

De ahí que sea pertinente reflexionar hasta que punto los combates por la memoria reciente nos enfrentan no sólo con los sectores civiles y militares partidarios de las dictaduras, sino que también nos ponen frente a frente con la política de los gobiernos postdicatoriales que han hecho pervivir un tipo de economía social y cultural controlada y consiente de mantener una especie de amnesia histórica impuesta ilegítimamente y consolidada en la impunidad de los miles de crímenes y delitos de lesa humanidad ocurridos.

De ahí el valor excelente del documental ACU: recuperando el sueño, pues este trabajo no es un género neutral, sino el resultado de un compromiso político expresado en la investigación y la puesta en escena de una pregunta: ¿qué paso? ¿que hemos sido? ¿quiénes somo hoy? ¿y cómo interpretamos la realidad en que vivimos?

A nombre del Archivo Central Andrés Bello saludamos la exhibición del documental, la generosidad y talento de su realizador en la convicción que acciones como esta puedan fortalecer nuestra memoria histórica. Apelando la filosofía de Walter Benjamín pensamos que en un país que se ha vuelto casi un reino de desmemoriados es un deber recordar, extraer la poesía del pasado recuperando desde el presente la experiencia previa. Nos referimos a la importancia políticamente estratégica de recordar (o sea de volver al corazón) pues según el filósofo el presente elige su pasado, reactualizándolo.  Frente a las visiones más tradicionalistas, vencedoras y sustentadas en la idea de progreso, el documental nos invita a romper la continuidad del silencio impuesto, extrayendo de la historia sueños y nuevas esperanzas. Muchas gracias.

Ariadna Biotti

Ariadna Biotti. Doctora en Historia. Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales- Universidad de Chile. Coordinadora del Área de Investigación Patrimonial. Archivo Central Andrés Bello. Universidad de Chile.


Resulta interesante observar y conocer cómo los movimientos estudiantiles empezaron a resurgir políticamente alrededor de los años 80’ en plena dictadura, tomando conciencia que los jóvenes no podían quedar inmunes ante lo que estaba ocurriendo: asesinatos, secuestros, exoneraciones, torturas y exilios.

Cabe destacar que la Escuela de Ingeniería fue vanguardista en crear una organización que permitiera aglutinar a otros alumnos y así fue como se creó la ACU: Agrupación Cultural Universitaria. Es por esto que el compañero Osvaldo Rodríguez nos presenta un compendio de lo que se vivió en la época y cómo lograron los jóvenes aglutinar a otros universitarios de Santiago y Provincia para forjar la necesidad de asumir una responsabilidad social y política, considerando que ya habían sido asesinados y torturados muchos compañeros, tomando por ejemplo el Pedagógico de la Universidad de Chile, el cual no sólo fue cerrado, sino quemados los libros, especialmente libros de clase. Todo esto nos presenta este interesante documental.

Como en mi familia vivimos el horror de la dictadura, felicito a Osvaldo Rodríguez por hacernos revivir parte de la historia y permitir que los jóvenes de hoy conozcan la realidad que se vivió durante los 17 años de opresión.

María Eujenia Silva Iriarte

Profesora de Estado en Castellano, Universidad Técnica Metropolitana UTE.


Comentar un documental no es lo mío. No soy muy buena en las críticas respecto del arte, del formato documental y muy mala como cinéfila. Pero “ACU recuperando el sueño” es una obra que merece al menos un comentario desde el único lugar que puedo emprenderlo. Así que ahí va. Soy historiadora, más específicamente una historiadora dedicada al oficio de la historia reciente. Me he dedicado por años a leer e investigar sobre la última dictadura militar en Argentina (mi tesis fue sobre juventudes en esa dictadura) y también soy latinoamericanista o pretendo serlo. El punto es que no puedo pensar el documental de Osvaldo Rodríguez sino desde mi lugar de historiadora y el valor inestimable que para mí entraña esa obra. En primer lugar porque repone en la memoria social el lugar que ocupó ACU como experiencia cultural en la dictadura chilena. No creo que valga mucho la pena hablar de esto porque ya el documental por sí sólo lo hace. Quiero detenerme más bien en aquello que a mí me resulta particularmente estimulante. En ocasiones cuando hablamos de dictadura pensamos en épocas oscuras, negras, grises, donde nada pasa, donde nada florece, un tiempo de silencios, miedo y terror. Las dictaduras del cono sur en parte han sido eso. Pero no han sido sólo eso. Para quienes nos dedicamos al estudio de la vida cotidiana en dictadura sabemos que más allá de las pretensiones del régimen, las sociedades generaron ámbitos dónde hacer y decir, resquicios ganados, espacios creados, acciones realizadas, que en ocasiones no decían mucho pero alentaban esperanzas; prácticas disruptoras suelo llamarlas, porque sin ser un lugar de oposición directa gestaban espacios que no concordaban con las políticas, discursos ni aspiraciones de los militares. El documental “ACU recuperando el sueño” abre desde un formato diferente al escrito de los y las historiadoras el camino a pensar esas experiencias múltiples que florecieron en el terreno infértil de las dictaduras.

Doctora Laura Liciani

Directora del Centro de Investigación en Historia Oral y Social, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.


Me parece importante dejar testimonio que, para mí, ver la película “ACU Recuperando el Sueño”, de Osvaldo Rodríguez, fue una experiencia muy potente. Porque me permitió revivir una etapa muy relevante de mi vida, a través de testimonios fílmicos, fotográficos, musicales, documentales, y testimoniales, por medio de los cuales se reconstruye una época que dejó muy pocos testimonios. En algunos casos, porque éstos fueron destruidos. En otros casos porque fueron escondidos, o callados, o intencionalmente olvidados, hasta el día de hoy. Y en otros casos porque muchos de los que vivimos esos años, participando desde su origen en la reconstrucción de los movimientos políticos, sociales y culturales, a nivel universitario, bajo condiciones muy riesgosas y difíciles, no conservamos testimonios, como fotografías o documentos, por razones bastante obvias. Al menos yo no lo hice. Me alegra descubrir, a través de esta cinta, que otros sí lo hicieron.

Estoy orgulloso de haber participado, desde el primer día, en el proceso de reconstrucción  del tejido social de Chile. Tejido que fue consciente y metódicamente destruido desde un Estado dictatorial, con la complicidad, no pasiva, sino muy activa, de los civiles que apoyaban al régimen. Y lo hicieron porque la dictadura siempre tuvo claro que, o destruía el tejido social, cultural y político de la Nación, o la nación, reconstruida de esa manera, pondría fin a la dictadura, tarde o temprano. Lo que finalmente, e inevitablemente, ocurrió. En consecuencia, fue una fase peligrosa, amarga, motivante, a veces aterrorizante, y a menudo también muy divertida. Fase en la que participamos unos pocos al comienzo, luego cientos, y finalmente miles. Al principio de manera disfrazada y oculta, y finalmente de manera cada vez más abierta. Una lucha en la que, como en las películas del director soviético Serguei Einsestein, el héroe, el protagonista, fue la masa. Una masa de jóvenes estudiantes, y sus sueños de un país mucho mejor que la aberración que nos tocó vivir.

Me impresiona que un cineasta joven, que no vivió esa etapa, haya podido reconstruir de manera tan fiel y completa una secuencia de hechos tan larga, compleja, y muchos sentidos oculta. Y lo ha hecho a través de los testimonios de muchos compañeros en la lucha cultural, con algunos de los cuales hemos compartido hasta hoy las vivencias de toda una vida.

Puedo dar testimonio de que los hechos narrados son muy fieles a los acontecimientos que viví de cerca, pese a que  sólo fui parte de una fase muy temprana (pre ACU) de un largo proceso, y participé de la creación de sólo un par de los muchos frentes culturales que se fueron abriendo a lo largo de esos años. Proceso llevado a cabo a través de numerosas actividades, muy variadas, muy creativas, y (para la época) bastante ilegales y subversivas. Acciones tan provocativas como contrabandear una guitarra al casino de la Escuela de Economía, cantar en el programa radial de Ricardo García, u organizar una peña de estudiantes en la Pastoral Universitaria.

En definitiva, nosotros combatimos a una brutal dictadura a través de una guitarra, poemas, canciones, presentaciones de teatro, y dibujos… muchos dibujos. (Distribuidos a través de afiches, panfletos, publicaciones de distribución clandestina para los estudiantes, y otros medios). Y lo hicimos así porque, como dije una vez a unos alumnos extranjeros, nunca se debe usar contra un enemigo las armas que conoce y domina bien. Nosotros empleamos contra la tiranía las armas de la cultura, y la derrotamos en toda la línea, porque era un arma que nunca fue capaz de entender. Y mucho menos emplear.

Así es que le doy las gracias a Osvaldo Rodríguez por dejar testimonio de una época que no dejó muchos testimonios. Y que por ello debe ocupar un lugar relevante en la historiografía chilena, lo que afirmo como historiador.

Y también le agradezco porque, a través del testimonio de muchos compañeros que formaron la ACU, y que han dejado sus experiencias en la película, he recuperado una parte, emocionante, pero bastante oculta, de mi vida. Y la de mi generación. Y me he informado, de paso, de muchas cosas de las que nunca me enteré. Porque era una época en la que era mejor no enterarse de muchas cosas. Porque te las podían arrancar a través de métodos no muy civilizados, pero sí muy convincentes. Y los agentes de la dictadura no serían muy cultos, pero de esos métodos sí entendían bastante.

Rodrigo Ferraro

Ingeniero Comercial y Profesor de Historia de la Economía


“ACU, Recuperando el sueño” es un material valiosísimo sobre todo para las nuevas generaciones que no estuvimos presentes durante la Dictadura. Es interesante poder escuchar desde los propios actores que participaron en la Agrupación Cultural Universitaria sus relatos, conocer sus reflexiones nutridas con los años posteriores a su participación para apreciar cómo ellos valoran desde la actualidad, lo que hicieron y vivieron durante su paso por la universidad.

Una de las cosas que más destaco es la habilidad y valentía que tuvieron para poder organizarse y concretar una variedad de actividades e iniciativas en una época marcada por la censura, hecho que pareció ser un aliciente en su caso ya que les motivó de mayor forma a movilizarse.

Otro de los aspectos que más me gustan del documental y de la ACU es que demuestran que la lucha a través de las artes y la “cultura” es posible, efectiva y necesaria, y que por lo demás aún debe continuar. También agradezco mucho el trabajo realizado por Osvaldo ya que sin él no se podría contar con un registro tan rico y abundante.

Para mi sirvió de inspiración para generar movimiento en el ámbito universitario, en el cual -según mi opinión- actualmente impera el individualismo, competitividad y pasividad entre los estudiantes. Ver este documental significó una gran motivación para seguir con el trabajo que realizamos como revista autogestionada. Espero que muchas personas puedan verlo para que se nutran de motivación y conozcan una parte más de la historia de Chile que quiso ser borrada.

Amanda Ávila Reynaldos

Parte del equipo editorial de Revista Convergencia Piducana

 


Ha sido un placer para mí disfrutar de la producción “ACU Recuperando el sueño”. Poco podría agregar a la necesidad de no olvidar el tétrico pasado de la dictadura, para mí “Cívico Militar”, por la gran cantidad  de cómplices, activos o mediante el silencio hipócrita, que hoy incluso gozan de respeto y reconocimiento (?). Permítame felicitarlo por su labor.

Patricio Bañados

Periodista y Conductor Radio Beethoven


Vi “ACU, recuperando el sueño”, sólo puedo decir que representa todo lo que se espera de un documental sobre la memoria, fuera de la temática que es muy potente, creo que está muy logrado en términos de autor, como punto de vista, claro y muy bien narrado. El montaje es preciso y progresivo. No me sobró nada. Un abrazo, estoy muy orgulloso, ¡felicitaciones!

Rodrigo Hidalgo

Cineasta


ACU. El sueño y el asombro.
No hay caso. No puedo quedarme como espectador desapegado. Es difícil observar el documental de Osvaldo Rodríguez intentando separar la obra documental misma de lo que significó el movimiento que retrata para todos los que estuvimos involucrados. A lo mejor lo que hay que hacer es aceptarlo así: uno no se puede desdoblar entre el espectador y el actor. Desde las imágenes iniciales mismas, esas de la televisión de la época, en blanco y negro, en televisores que son reliquias, la característica de TVN, las marchas callejeras y Allende, no puedo mantenerme al margen. La obra a uno le habla al corazón. Allí está todo. El tránsito desde la perplejidad de los primeros días del golpe hasta la construcción de un movimiento que nos hizo fuertes ante el terror. La palabra que iba propagándose de boca en oído, la creatividad, la necesidad de estar con el otro, con el que estaba al lado, la reconstrucción de los lazos, de las confianzas. La masividad de los actos. El humor. Y eso sin que hubiera un mandato especial de nadie, aun cuando existieron partidos activos en la organización y que aportaron lo suyo. Me atrevo a decir que la ACU fue una expresión brillante de caos creativo y autoorganizado, tal vez la expresión más fiel de una democracia participativa. La voz de cada uno expresada en el proceso común. Eso está perfectamente reflejado en el documental y hay que celebrar por eso a su autor.
Una obra documental que rescata un sentido coral y colectivo desde el aporte de cada uno, tomándose de las manos de los demás para rescatar el sueño y devolvernos el asombro.
Gracias, Osvaldo.

Juan Manuel Pérez

Médico Psiquiatra


Apenas llegué a la casa, nos instalamos a ver el documental con Mirna (mi esposa). Quedamos muy impresionados, además de la conmoción emotiva predecible. Desde la calidad técnica y hasta la virtuosidad narrativa tiene altos estándares. Además del impacto emocional que implica el recuerdo, el impacto estético e intelectual que logra Osvaldo es extraordinario. Un documental para difundir. Gracias por generar una obra que recupera una memoria que hoy sirve para seguir motivando la lucha..

Roberto Molina

Profesor de Historia y Geografía, Universidad de Chile


La sensación que me deja el haber visto el documental, es la de sentir una energía inmensa, unas ganas de moverse y hacer cosas, de ser rebeldes, de luchar por lo que creemos justo.
Si bien los contextos son distintos, la ACU es definitivamente un gran referente de organización y lucha, en lo personal me resulta sumamente motivante el conocer sus historias, sus aventuras y desventuras, su manera de organizarse en la época donde las comunicaciones eran las mínimas comparadas con las actuales.

El documental muestra todo eso y más, se hace un gran hincapié en la vivencia personal de los integrantes de la ACU, dando ese punto de vista más subjetivo y mucho más humano, logrando transmitir un sentimiento profundo al respecto de lo que fue la agrupación cultural universitaria, y eso se agradece mucho.

Creo que la ACU hizo universidad, en tiempos donde todo eso estaba destruido, la ACU le dio vida a la universidad de tantas maneras como las que se muestran en el documental, en un periodo donde pareciera imposible, y es ese espíritu el que quisiera que existiese hoy también, donde las actividades extra programáticas son sumamente difíciles de realizar, porque la obtención de un título profesional, el cumplimiento de largas jornadas de ramos y estudios y una creciente deuda son mayores preocupaciones tanto para el estudiante como la familia.

Esa identidad universitaria que aún se tenía por parte de estudiantes como los que pertenecían a la ACU, en la actualidad esta prácticamente olvidada, la identidad de la extensión, de ir a la universidad no solo a lograr ser un profesional, sino a ser en el fondo una mejor persona, una persona íntegra, donde la discusión en torno a la sociedad que queremos sea cosa de cada día, donde se vuelquen los conocimientos adquiridos hacia el pueblo, hacia las personas que lo necesiten, solo por el hecho de ser humanos, de contribuir y mejorar. De crear arte y cultura, que fueron elementos claves en el actuar de la ACU, por esto creo que los estudiantes de la Universidad de Chile sobre todo, debiesen tener la oportunidad de conocer lo que fueron, de la fuerza y valentía que tuvieron, de una visión mucho más humanitaria y colectiva de ver la universidad, a diferencia del individualismo reinante que existe hoy en día en casi todo ámbito.
Rescato entre muchas cosas, la juventud que veo en sus miradas aun hasta el día de hoy, la valentía que han tenido y esa esperanza de lograr un mundo mejor día a día, son un gran referente sin duda para la juventud, y para las nuevas generaciones que quieran recuperar esa identidad más humana y digna.

Bruno Alejandro Bañados Torres, 23 años

Estudiante de 5to año de licenciatura en artes mención sonido, Universidad de Chile


La película me generó mucha nostalgia por la memoria del Pedagógico, deseos de aprender más acerca de mi casa de estudios en el período terrible que fue la dictadura, del que mucho se habla pero poco se sabe. Orgullo por los compañeros y compañeras que encontraron en ACU una forma de resistencia, y por la valentía que demostraron al impulsar, gestionar, y articular una iniciativa que involucraba tantos riesgos.

Me gustó la forma de entrelazar el pasado con el presente por medio de fuentes de la época, de la mano de testimonios de los actores en la actualidad, creo que permite comprender como la memoria se va resignificando conforme pasa el tiempo.

A nivel de UMCE y U. de Chile, el aporte de este documental es tremendo para comprender como se articuló una resistencia a la dictadura desde una dimensión cultural, que no dejaba de lado lo político, entendiendo que lo político influye en toda expresión humana.

El documental me encantó, tanto por cómo está construido el mismo, como por lo que me provocó en lo personal. Creo que es más que necesario que surjan constantemente este tipo de expresiones en torno a la memoria del Pedagógico, las que además nos sirven para significar (y en el caso de sus protagonistas, resignificar) el rol de nuestra casa de estudios y sus estudiantes en el contexto Dictadura.

Erick Pérez Yáñez

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía, en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (ex Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile).

Director Revista “Espacios & Memorias”


Recuperando el sueño: ACU

El reciente lanzamiento del documental de Osvaldo Rodríguez sobre la historia de la ACU me ha provocado una  muy honda impresión, me ha hecho revivir esa experiencia, y revalorar (y no es que no tenga una alta valoración, porque la tuve desde aquellos mismos años, y después sólo ha ido creciendo).

Magnífica realización, son las primeras palabras que acuden a mi pensamiento a la hora de hablar sobre ACU recuperando el sueño, de Osvaldo Rodríguez. Aunque el documental sobrepase las dos horas (que apenas se sienten, atrapados por la poética historia que narra en la voz de los protagonistas y los documentos históricos). Habría sido muy difícil contar esta historia colectiva sin acudir a un coro, a la polifonía de las voces, apreciaciones y recuerdos de quienes construyeron a la ACU, una organización que encarna el espíritu, la esencia, del quehacer colectivo.

La sigla ACU resulta críptica para cualquiera que no haya vivido en el espacio universitario o en el entorno artístico en el período que va de 1977 a 1982. Pero quienes vivieron con intensidad la cultura de esos años saben muy bien que el acrónimo significa Agrupación Cultural Universitaria.

La ACU, primero AFU, surgió del encuentro de los grupos musicales y artísticos que surgieron en la universidad intervenida por el régimen militar, cuyas primeras manifestaciones estuvieron destinadas a reunir dinero para aquellos alumnos que comenzaban a sufrir los rigores de la política de autofinanciamiento. Pronto el sonido de guitarras y charangos congregó a actores, pintores, dramaturgos, poetas, fotógrafos y cuentistas. A fines de 1977 se realizó, en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, el primer Festival del Cantar Universitario, donde es posible conocer el trabajo de grupos tan importantes como Santiago del Nuevo Extremo, Schwenke y Nilo, Abril, Aquelarre, Antara, y admirar las coreografías del Ballet Antumapu y del Conjunto Folclórico de Ingeniería.

Desde esa fecha se gestó un aglutinamiento y una actividad cultural y artística crecientes, sobre todo en la Universidad de Chile, pero también con fuerte desarrollo en la Universidad Austral, la Universidad de Concepción y la Universidad Católica. Se crearon Ramas de Música, Teatro, Literatura y Plástica, consagradas al desarrollo de actividades específicas: festivales, concursos, encuentros. Estructura cruzada con las Sedes: Medicina (Norte), Andrés Bello (Centro), Pedagógico, Ingeniería y Antumapu, encargadas de organizar y coordinar la actividad territorial de más de cincuenta talleres artísticos autónomos.

La ACU, debido al enorme caudal y riqueza de su quehacer cultural, acaparó el interés de estudiantes, académicos y funcionarios, así como también el de las autoridades designadas por la dictadura que veían con inquietud la aparición de un germen de organización de los alumnos.

Los Festivales de Música llegaron a congregar a miles de jóvenes en el viejo Teatro Caupolicán, en jornadas que sólo pueden recordarse con emoción. Los Festivales de Teatro lograron una figuración y un impacto muy altos también, y unidos a las Muestras Plásticas, los Recitales y Concursos Literarios, y la inolvidable Revista “La Ciruela” -absoluto best-seller de la época- conformaron un período brillante por su amplitud, solidaridad y creatividad.

Esta es la historia, muy difícil de sintetizar, que narra el excelente documental de Osvaldo Rodríguez, la misma que antes rescató y sistematizó en el libro ACU Rescatando el asombro el historiador Víctor Muñoz Tamayo (La Calabaza del Diablo, 2006); un trabajo de enorme valor. Allí podrán encontrarse detalles significativos de la historia sorprendente de este movimiento cultural. Por suerte contamos con estos trabajos de rescate de memoria, porque creo que hay muchos aspectos valiosos que rescatar, mucho más allá del marco historiográfico.

En la ACU hubo mucho más que un estallido de rebelión a través de la creatividad artística. Hubo allí, además, una utopía hecha realidad, por un tiempo breve y considerable a la vez. Todos podían participar si respetaban unas pocas reglas básicas: solidaridad, autonomía, franqueza, valor intelectual, originalidad, buen humor, disposición al trabajo, dignidad y… valentía.

Inolvidables las interminables y multitudinarias reuniones que todos los sábados en la tarde se llevaban a cabo en el “Hoyo” de la Escuela de Ingeniería, realizadas a vista y paciencia de los funcionarios y soplones, y con la connivencia -si no el apoyo- del Decano Claudio Anguita (a quien le debemos aún un reconocimiento pleno a la dignidad y coraje con el que asumió su cargo en un momento tan difícil de la historia).

Si no hallábamos el consenso los cincuenta o sesenta delegados que asistían religiosamente al Hoyo los sábados, pues la ACU funcionaba en asamblea, la reunión continuaba en algún bar de las inmediaciones, hasta lograr pleno acuerdo. No obstante la ACU tenía una directiva, este comportamiento abierto, transparente, participativo a un nivel increíble, daba cuenta de la rigurosa democracia interior que gobernaba sus actos: fuente de su fuerza y energía notables. Era Fuenteovejuna de pie ante la dictadura: ¿cómo hacerle frente? ¿cómo detenerla? ¿cómo aplastar esa iniciativa creativa multiforme que aparecía por todas las facultades, en los más insospechados rincones y con los métodos más heterodoxos?

La ACU en consecuencia, adquirió vida plena, pensamiento y propósito propios, que escapaban a cualquier intento de control o manipulación, no sólo de las autoridades y los organismos represores, sino también de los partidos políticos que actuaban en la total clandestinidad. El nivel de autonomía de la ACU fue la clave de su éxito y enorme capacidad de trabajo. Sin duda es una experiencia de la cual puede aprenderse mucho en materia de organización social: participación, transparencia, democracia interna, total pluralismo dentro de la multiplicidad de corrientes que rechazaban el imperio de la dictadura militar. Poco podían sacar con perseguir, prohibir, amenazar o sancionar a los dirigentes: los talleres seguían funcionando, pese a todas las medidas que tomaran los represores.

Este sentimiento que conozco de primera mano por mi participación en la historia de la ACU, el documental me lo ha hecho vivir de manera notablemente condensada. Es un mérito tremendo. Lo que aprendí en esa época, me ha servido -me sirve- hoy en día. En la ACU aprendí a luchar junto a otros, notablemente distintos, en pos de un ideal democrático común; aprendí a escuchar, respetar, meditar, argumentar, convencer o dejarme convencer. A valorar al otro por encima de cualquier restricción externa o interna, menos aún prejuicios o mera ignorancia.

Cuando cada día miro, consternado, a mi país arrasado por los intereses económicos, la codicia, la ambición extrema, el egoísmo abierto o solapado, el consumismo, el arribismo y el desprecio por toda auténtica manifestación de pensamiento y creación, concluyo que en esa época terrible, dominada por un terrorismo de estado sin límites, supimos ser dignos creadores, luchadores verdaderos, honestos con nuestros sueños, libres en plenitud. Felices, habría que agregar. Como cuando hicimos esa ronda gigante en Isla Negra (maravillosa imagen que muestra este documental) celebrando a Neruda: estábamos felices. Lo recuerdo y el corazón quieres subírseme a la boca.

Y quisiera soñar que podamos hacerlo de nuevo. Gracias, Osvaldo Rodríguez.

Diego Muñoz Valenzuela

Escritor.


Yo nací después del golpe militar, crecí en la dictadura entre gente de izquierda que decía que la Unidad Popular era el infierno, y otra que decía que era el paraíso. Pero ambos con un espíritu autoritario de no admitir discusiones sobre estos juicios.

De este que parecía un país horrible solo tenía dos opciones: arrancar lo mas posible, o enfrentar los fantasmas hasta que dejaran de serlo, y en concreto, no con metáforas y entelequias ver que había sido.

Me parece que Chile tiene la característica de querer borrar su historia con mas fuerza que en otros lugares, es como si los chilenos se despreciaran a si mismos, pero al vez hay quienes son capaces de superar esto y lograr cosas extraordinarias, no solo por reacción, sino que para construir algo. La gente de la ACU es una demostración de esto. De a pesar de todo los que quedaron que defendieron la mejor parte de la gente de acá. Que no se podía perder.

Al escuchar por ejemplo las dificultades para imprimir en dictadura, que cada imprenta necesitaba un permiso de la Dinacos, agencia de la dictadura militar para imprimir cualquier cosa. Recordaba a los estudiantes de arquitectura de la época de Gonzalez Videla que escondían su mimeógrafo de casa en casa para sacar su boletín “nueva visión”, y pensaba como estudiantes de 1950 se comunican sin saberlo con los de 1980. Ese es uno de los miles de cruces que me producen muchas cosas buenas y que merece ser conocido masivamente entre tantos otros.

Un país sin pasado es un país sin futuro, la gente que no reconoce sus errores está condenado a repetirlo de manera más atroz, así como también empezar de cero como caricatura de quienes ya enfrentaron lo mismo, y con menos hicieron mucho mas. Tu trabajo, excepcionalmente hecho a pulso, lo cual es simbólico de donde vivimos hoy y de la pobreza espiritual institucional de “progres” y conservadores, es un enorme regalo a los que perseveran a pesar de todo por el bien común y nos enseña una vez más, como en las peores circunstancias se pueden lograr cosas que nos construyen esperanzas de futuro.

David Maulen de los Reyes

Magister en Comunicación

Profesor de sociología de la cultura en Universidad Uniacc; profesor de teoría del diseño en UTEM, Universidad Tecnológica Metropolitana


La Película me provocó asombro, me quedó un registro muy lindo, a pesar del dolor, el sufrimiento, los jóvenes estudiantes fueron más creativos que nunca, jamás antes supe de este movimiento cultural tan rico en su forma, contenido y entrega.

La película está muy bien documentada, el lograr realizar una obra de este tipo siento que es impagable, muy bien coordinados los tiempos, los registros. La fotografía muy importante como evocación… una obra maestra por su genialidad.

El aporte a la actualidad es inmenso, tener la posibilidad de conocer a fondo lo que fue y significó hacer de este documental una obra muy importante para todos los Chilenos, sin violencia, muy sólida y que a través de este documental se hace completamente vigente y motivante, el poder crear y generar contenidos con esa originalidad inigualable de la ACU.

Destaco la genialidad de su realizador, Osvaldo Rodríguez Z., solo queda agradecer esta obra magnífica, me siembra la esperanza de un mundo mejor, un mundo en paz. Infinitas gracias a su realizador. Hay que promocionarla por todos lados, se tiene que saber la existencia de esta joya, de esta obra maestra sin igual. Un lindo sueño realizado por la ACU en el pasado doloroso, y un bello sueño realizado hoy por ORZ CINEMA.

Iris Colil

Periodista, profesora de la cátedra de fotoperiodismo de la Universidad de Santiago de Chile


Dichosa de haber estado en este magno evento de la ACU, dichosa de reencontrar a tantas/os compañeros maravillosos con los cuales compartimos alegrías y risas, tristezas, aflicciones, pero lo más importante, supimos mantener los sueños, la esperanza y mantener el asombro. Una emoción enorme al ver la película y todo ese montón de historia cotidiana que se gestó en esos 5 años de ACU. Todos los agradecimientos para los/as compañeros/as gestores de este logro, la ACU es parte de la reconstrucción del movimiento estudiantil y de la universidad, a pesar de los golpes bestiales de la dictadura. Misión actual: seguir luchando por los sueños que siguen siendo válidos, educación universal gratuita y restitución de la autonomía universitaria. Gracias a Osvaldo Rodriguez Remis Ramos. Me retorno a Puerto Montt con la ACU siempre en el corazón.

Isabel Briceño Quinteros

Matrona APS en Municipalidad de Puerto Montt


Aún estoy emocionada con la actividad (digo la actividad porque no puedo dejar fuera los abrazos, ese momento lindo de ver a aquellos con los que fuimos tan intensamente amigos, compañeros…y otros algo más). La película me pareció muy buena, el unir tantas voces que cuentan tantas historias o momentos distintos de esos 4 años…pocos quizás, pero intensos…

Siento que refleja lo que fue, lo que hicimos día a día… las pequeñas batallas, dadas con poemas, afiches, canciones, encuentros. Tuve la suerte de estar en casi todas las actividades desde el día uno, -algunos éramos militantes ACU-. Creo que es un testimonio importante, es una forma de lucha juvenil, creativa, sin violencia… que hizo de cada uno de los que participamos en ella, mejores personas. Y no sólo nos ayudó a sobrevivir como decía alguien, hizo que la universidad fuera realmente eso… no sólo para nosotros, sino para nuestro entorno… te agradezco la gran alegría que me dura desde el jueves..

Felicitaciones Osvaldo Rodriguez emocionante el documental… gran alegría encontrarse con aquellos que vivimos esos años tan duros de dictadura y tan lindos de encuentro, cariño y trabajo cultural…

Mónica Tejos

Directora Editorial en Simplemente Editores


Quisiera expresar un poco de lo que sentí viendo el documental… Fundamentalmente fue como que me hubieran desempolvado las neuronas de la memoria, donde recuerdos difusos por los años transcurridos se iban haciendo más nítidos y sacando a la luz otros que estaban ya totalmente sepultados. Fue un magnífico ejercicio de memoria que me ha servido mucho para recuperar esa parte de mi vida universitaria, a la vez que reflota parte de las emociones que sentí en aquellos tiempos. Yo no tuve una participación destacada ni de liderazgo en la ACU, sólo era uno más de los que aportaba con las ganas de hacer algo que sabía servía para recuperar parte de lo perdido después del golpe militar y la persecución desatada. Aporté con lo que pude; ni bailo, ni actúo, ni interpreto algún instrumento musical, pero trabajé junto a Claudio Pérsico en reportear fotográficamente las actividades de la agrupación… muchas fotos que circulan las hice yo y quedaron en el archivo ACU. La película tiene una buena narración, con un desarrollo progresivo que nos lleva casi cronológicamente por la vida de la ACU, quizás tal como quedó grabada en nuestra memoria. Yo pienso que por el solo hecho de plasmar la historia de una organización como la ACU ya es un aporte para entender lo que ocurrió en aquellos años en la U. Sin duda será un material esencial para cualquier análisis de los procesos que se vivieron en los albores de la lucha política antidictatorial en el medio universitario. Y por último, es emocionante volver a ver y abrazar a tantos compas con los que compartimos codo a codo las actividades que la ACU realizaba… Gracias de nuevo y espero que esta película se vea en muchas partes y que los más jóvenes, nuestros hijos, puedan disfrutar conociendo más profundamente cómo sus padres vivieron su paso por la Universidad en plena dictadura.

Peter Sinclaire

Ingeniero Civil Eléctrico, Observatorio La Silla de ESO


Después de ver el documental siento que hay un gran amor detrás, y una genialidad en el relato que me impresiona, en estos tiempos en que nada impresiona y poco se ve que se haga con tanto amor. Generaciones distintas que se mueven por diferentes veredas, motivaciones que no tienen puntos de comparación, escalas diferentes, realidades, golpes, gritos, remezones y verdades tan distantes que dan cuenta de cómo afectan y moldean las identidades de sus protagonistas. Es una joyita que genera nostalgia en sus intérpretes y coetáneos, admiración y orgullo en otros que somos sólo espectadores, y debiera ser un ejemplo para los más jóvenes, para que tengan una perspectiva de cómo se puede luchar sembrando, teniendo esperanza y obrando desde la paz y el amor a pesar del dolor.

Pablo Fierro

Fotógrafo


Me sumo a las felicitaciones y a alegría por el reencuentro, la película es sin duda un esfuerzo de años que al salir del cascarón nos ha permitido el reencuentro y la memoria. En ese sentido agradezco a Osvaldo Rodriguez por el rescate y aquilatamiento de ese tiempo en el que vivir de modo critico y pensante era una osadía, también agradecer a Remis Ramos, nuestro curador, no atesorador, por su tremenda vocación para compartir. Ver a tantos con los cuales compartimos el quehacer artístico y literario es un lujo que no siempre nos podemos dar.
Salud y saludos, queda mucha memoria que recuperar y más, mucho más por construir.

Edgardo Díaz Navarrete

Ingeniero Comercial, Universidad de Chile


Un tremendo trabajo. Gracias a Remis por sembrar la idea y la inquietud en Osvaldo, y muchas gracias a Osvaldo por plasmarla en este documental. Gracias también a todos los que posibilitaron el reencuentro.

La película me generó una profunda emoción al conocer sentimientos de quienes por tantos años han estado tan cerca y con quienes hemos compartido muchas actividades sociales, culturales, profesionales y políticas sin tocar temas personales.

Tiene un muy buen enfoque, el paralelo que se muestra entre el empuje de los ACU ante la adversidad y la falta de medios, la creatividad para suplir todo lo que faltaba, para enfrentar y superar el temor y el soplonaje, en contraparte de los que en ese momento tenían las posibilidades de realizar todo sin tener respuesta, bases, ideas ni acervo cultural, me pareció genial.

El documental rescata además del sueño de recuperar la organización, la confianza, el ideario universitario, la alegría de vivir, nos enseña que la historia es circular, nos previene que todo puede volver a ocurrir, pero que estando unidos y con arraigo en las bases, teniendo confianza en quienes nos rodean saldremos adelante, veremos crecer a nuestros hijos y nietos, veremos florecer las plantas, aparecerán nuevos rayados en las paredes y escucharemos el canto de los pájaros y de nuestros seres cercanos y queridos.

Aunque es larga para el promedio de las producciones que se presentan generalmente me pareció corta al verla, al palparla, al escucharla. Siento que aunque suene panfletario: Nos aplastaron pero no nos derrotaron, aquí estamos, aquí seguimos sin olvidar a ninguna ni a ninguno, tenemos esperanza en que podemos construir un mundo mejor!

Gracias una vez más a Remis por haber sembrado la inquietud, la idea de realizar este rescate, por haber atesorado tanto documento arriesgando su vida; y gracias a Osvaldo por haberse empapado del espíritu de esa época y haberlo plasmado tan bien en el documental.

Freya García Reyes

Médico Veterinario


Felicitaciones querido Osvaldo. Un gran trabajo donde sentimos orgullo por haber ayudado a difundir.

La película me llevó de vuelta a una época oscura, de terror, de miedo, pero donde jóvenes conscientes, con alto sentido ético, humano, fueron capaces de sostener una experiencia vital conmovedora. Generó una sensación de asombro, donde impresiona lo valiente, audaces, creativos y solidarios que fueron esos jóvenes y quienes de una u otra forma ayudaron a construir esa épica.

La narración queda en manos de los protagonistas, lo que aporta mucha verosimilitud. Eso de lo “vivido y lo visto” convierte el documental en una nueva crónica, que reconfigura una historia que nos decía que en Chile la resistencia se inició con las masivas protestas del 83, cuando en realidad, se construía la lucha por el derecho a la vida años antes, colocando a esa generación en el plano de lo épico.

El documental aporta,  ya que dispone de dispositivos para identificar un mínimo ético que debería ser reconocido como tal por la sociedad. Además puede ser vista como una rica herramienta transformadora (la experiencia ACU) en cuanto fueron capaces de componer una plataforma viva, donde cabían distintos pensamientos, ideologías, estéticas, modos de comprender el mundo, pero entrelazados, unidos por un bien común y mayor; el derecho a la vida, a la libertad, a la justicia.  Un tremendo ejemplo, un posible y necesario recurso educativo para actuales y futuras generaciones para formar ciudadanía.

Solo agradecer tu valiosa creación y gestión. El documental viene a expandir mentes y emociones, de verdad, una excelente herramienta de memoria y de humanidad. Felicitaciones.

Ivan Javier Páez

Licenciado en Literatura, Magister en Tecnología Educativa, Director Programa Transversal de Educación, Universidad de Chile


La película de Osvaldo, en lo personal, me provocó emoción y lágrimas, desde la primera vez que la vi, cuando revisábamos los relatos y la narración. Ese final es, quizás, el punto más emotivo, pues nos vemos como éramos, y también, como somos aún.
Si hubiese que buscar el “punctum”, es claramente la risa que se refleja en los jóvenes rostros canosos que van contando una historia de una coherencia vivencial asombrosa.
La narrativa, el cómo la película cuenta la historia, va hilando testimonio tras testimonio, va haciendo nítido el tiempo que vivimos, y va mostrando cuán “empoderados” estábamos frente a una dictadura que no dejaba ningún espacio sin cubrir y aplastar. Se entiende cómo fue que sobrevivimos, cómo fue que poco podían hacer en contra de un movimiento cuya esencia era justamente saber moverse, tan sigilosamente, tan fragmentariamente, de manera tal cuya suma de acciones iban haciendo aquella gran fuerza. Fuimos jóvenes valientes, sin proponernos la valentía. Entendimos la unidad tempranamente y obramos en consecuencia, sumando siempre.
Quizás el aporte que significa esta historia en la actualidad es justamente la naturaleza unitaria del movimiento. No era la lucha contra el enemigo común, no se trataba de enfrentarnos a ellos, se trataba de obviarlos y desobedecerlos, generando vida donde ellos imponían la muerte. Fuimos desobedientes y osados, creativos y cariñosos, abiertos y claros. De algún modo, hicimos una red capaz de reaccionar rápidamente y proponer sobre la marcha, nos constituimos en fragmento con sentido, fuimos agua corriente que se escurre entre las manos. Dicho de una manera clara, me parece que fuimos una organización capaz de existir en cada individuo que la componía, no eran necesarias las directrices ni las líneas políticas, bastaba con el ímpetu creativo del ser joven.
Gracias Osvaldo por haber plasmado en la selección de relatos una historia común hecha por todos.

Remis Ramos Belmar

Biólogo, Semiólogo, Bioterapeuta


Me parece muy importante para mi generación, nacidos el 74, poder contar con una material que muestra una parte de la historia tal como fue… sin más pretensiones que relatar lo acontecido.

El documental me parece adecuado, tiene un principio, desarrollo y desenlace, quizás me faltó mayor calidad en el sonido de algunas entrevistas.

Me pareció increíble mirar ciertas personas que hoy ocupan los principales cargos en nuestros país, es sorprendente, por ejemplo Hernán Larraín hablando del rol de la universidad ¡impresionante!

Me gustaría saber que mirada tienen hoy los dirigentes de aquella época, ejemplo los de la FECECH, saber que opinan de la ACU.

En la duración del documental recortaría 15 minutos, la última parte fue muy extensa.

En términos generales me parece un buen documento histórico con mucha nostalgia.

Cristian Nabalón

Contador Auditor, Jefe de Tesorería Universidad de Chile


Carta a una amiga en México

…ayer lo del estreno del documental de Osvaldo salió espectacular. Fue súper emotivo. El documental quedó muy bien, yo ya lo había visto antenoche, y Osvaldo fue súper inteligente al narrar como lo hizo. Y la recepción fue buenísima, casi se me cayeron las lagrimitas por como aplaudían cuando terminó. Es que además de lo habitual de este tipo de cosas, que haces algo y sea bien recibido, pasa algo más con la situación. Chile tiene problemas con su historia, con cómo se la cuenta, o más bien, no se atreve a contársela. Y cosas como estas, rescatan lo que hizo gente que se la jugó en un tiempo difícil, que arriesgó el pellejo, fue torturada, desaparecida… y mucho de eso no está en los libros de historia. Entonces, que se vean, que alguien se haga cargo de contar, además de importante como documento, es reparador. Es como si alguien les dijera, o más bien les confirmara con un acto, que sí fue fundamental lo que hicieron, que alguien que no estuvo ahí sabe también lo importante que hicieron, que el sentido es compartido.

Claudio Tapia

Licenciado en Sociología


Llegando a casa después de ver el documental de la ACU, que increíble historia la nuestra, la de tantos que ahí estuvimos, ojalá pueda verla mucha gente, l@s jóvenes sobre todo, que puedan apreciar una parte de nuestra historia, de l@s que estuvimos a pesar del miedo y la represión. Felicitaciones a quienes tuvieron la idea, su director y tod@s quienes participaron en esta reconstrucción histórica.

Evelyn Navarrete Jaque

Asesora en Calidad de la Educación, Ministerio de Educación.


Me cautivó la creatividad, la astucia y perseverancia de los miembros de la ACU, me encantó LA CIRUELA, CIRO, y en general todo el material visual que surgió, también las anécdotas como la del festival de música y como superaron el corte de luz, o la exposición de los cuadros sin galería, pura genialidad. Fue bonito ver a la FAU y pensar en instancias que surgieron en sus salas con el movimiento estudiantil como el taller de serigrafía Mano Alzada que dio vida a gran parte de las piezas gráficas, y que es una muestra de esa chispa de la ACU que perdura en las nuevas generaciones.

La forma en términos generales estuvo bien a mi parecer, la continuidad, las conversaciones, las imágenes y fragmentos de videos recuperados, un gran trabajo de investigación. Sin embargo considero que fue muy largo, que las entrevistas se pierden con el ruido ambiente, hay muchas distracciones sonoras y visuales. Un ejemplo en este sentido, para mejorar, sería cuidar las leyendas que aparecen con cada persona, sólo debería salir una vez con cada aparición nueva y luego quizás sólo el nombre, o definitivamente nada, entre otros detalles gráficos que podría nombrar, las muchas tipografías usadas que podrían normalizarse a 2 solamente, cambiar en su totalidad la imagen principal donde se muestra el nombre del documental y su bajada, que considero no tiene relación con el resto de la visualidad de la obra, conteniendo mucha información en bloques, letras y colores que no son coherentes con lo que sigue. Darle una línea única con una gama de colores acotado (entre otros parámetros), editando cada entrevista en estos términos, etc.

Creo que el documental si bien ayuda a las nuevas generaciones a conocer lo que fue un elemento en la historia de gran importancia y significado, está más enfocado a sus propios protagonistas, ellos recuperan ese momento, la misma bajada lo dice, y nosotros (quienes no fuimos parte) somos un poco espectadores, pero a partir de eso podemos también ser algo más, porque sea como sea nos interpela y nos sacude. Nos dice que podemos crear y compartir sin importar la adversidad, nos infunde con la importancia del humor y las ganas de vivir.

Katterine Molina Campos

Diseñadora Gráfica


Me gusta la evocación del recuerdo… sea el que sea… en lo personal, los colores grises, sombríos me provocan el mirar el hecho crudo, real;  la historia verdadera que se presenta, irreverente -sin dar lugar a algún dejo de subjetividad del espectador-, cruel y objetiva de ese tiempo. En tanto el relato, de algunos miembros de la ACU… se me hace suave, llevadero, con luces y tonos agradables, con la imagen de un ciruelo en flor evocando la primavera en melodía, y que a su vez  va marcando los tiempos de cada episodio, apareciendo esta imagen en  forma reiterada. En lo particular yo tenía 7 años al momento del Golpe, rondan algunas imágenes en mi cabeza; buses de milicos, francotiradores en los techos y el sabor del jamón Chino. El documental, pedazo de historia fuerte de nuestro país, da a conocer las  vivencias de aquellos “idealistas con miedo” que pese a lo difícil del momento que les tocaba vivir, pudieron  articular a través de manifestaciones artísticas desde centros universitarios, el origen de la resistencia a la dictadura, e ir confabulando el movimiento estudiantil de los ochenta, del cual puedo decir, formé parte en sus postrimerías y eso me hace de alguna forma sentirme parte de la ACU.

Al decir documental, pensaba que sería algo serial que contaba sin imaginería, un pedazo de historia, pero no, este documental es entretenido..emociona, te transporta y te hace amigos de aquellos compañeros que fueron parte de la ACU aún  sin conocerlos siquiera.

El aporte en la actualidad, desde el punto de vista personal, es reconocer en aquellos que fueron parte de la agrupación, los valores de solidaridad y valentía tan carentes en estos días por los movimientos estudiantiles y otros emergentes en nuestro país, lo que sin duda,  representa un ejemplo a seguir.

En cuanto al aporte a nosotros como chilenos y el mundo en general, se podría presentar  como material en el campo educativo. en que como medio audiovisual sirve de refuerzo al profesor de historia u otro para dar a conocer  desde el punto de vista del  estudiante universitario,  post golpe de Estado al hombre sano, leal, que repara desde la resistencia de izquierda articulada como agrupación cultural, los sueños perdidos… y que pese al miedo, sobrevive a éste.

Marisol Otárola

Profesora de Historia y Geografía, Abogada e Investigadora Social


El documental “ACU, Recuperando el Sueño”, es a todas luces resultado de un arduo trabajo de investigación en archivo y de acercamiento con los protagonistas, estudiantes universitarios en años de la Dictadura Militar en Chile, que visibiliza la irrupción de una estrategia contingente pero organizada de la toma y re-construcción de relaciones y espacios, que lograron desmontar y eludir el ejercicio del poder y las condiciones de violencia exacerbada en las que éste pretendió sostenerse. Las imágenes y testimonios registrados muestran cómo desde la ACU fueron superadas la condición anestésica y la acción obstructiva que produce la violencia, reincorporando en los participantes la capacidad para la experiencia, el modo cognitivo de estar en contacto con la realidad y el poder de responder políticamente al contexto en el que se hallaron inmersos. Por lo demás, técnicamente el discurso visual de los 130 minutos de este largometraje logra un tejido exacto en datos y emoción, que lo contrapone a las apologías victimizantes y da voz a una cada vez más atendida Resistencia.

Francisco Leonardo Reséndiz

Magíster en Antropología Social en CIESAS. Doctorante en Antropología Social en ENAH.

México


“ACU: Recuperando el sueño”

La obra del realizador Osvaldo Rodríguez genera de manera bien lograda una poderosa nostalgia por aquello que fue y por algo otro que pudo haber sido, pero que nunca fue.   Como sucesión de las grandes utopías emanan particulares tipos de reacción ante la muerte, es una forma de obstinación proveniente del discurso auténtico, consecuente,  no necesariamente aferrada al cerco político pero sí incuestionablemente ligada a la lucha; así se compone la historia real de la ACU, como verdadera alegoría en honor a la pujanza y también a la ingenuidad propia de la juventud, es parte de la ilusión agonizante de una época entonces articulada por valores intencionados por y para la persona y su comunidad,  todo tan remoto, tan alejado del actual descalabro de identidad y vorágine de consumo. ACU, la película, respira en cada minuto de su duración con ese flujo de sangre joven y melodías alegres, que por alegres no dejan de ser corajudas ante el crimen del Estado.  En su forma, su narrativa obedece a un tránsito espontáneo y decidido, es una construcción parsimoniosa y coherente que obedece justamente al proceso histórico que definió a esa red de resistencia, resistencia que se valió de otro tipo de cánones, más sutiles pero por demás efectivos, que no sólo lograron cohesionar asociaciones sino también vastas plataformas de encuentro para gestar protesta a través de un arma imperecedera, la cultura.

Este documental sobre la ACU definitivamente rescata el gran testimonio sobre un episodio perdido para muchos, escarbando con notable delicadeza la memoria y logrando ilustrar de manera emotiva lo que fue otro frente de combate librado por la rebeldía de la juventud en los tiempos nefastos de la dictadura militar. Hoy todavía quedan demasiadas heridas abiertas y hay pocos paliativos, sin embargo cuando uno conoce la acción de colectividades como la Agrupación Cultural Universitaria,  recibe la caricia fresca de una brisa poderosa y esperanzadora que renueva la alianza de la sociedad con su arte.

Fredie Mark Hayes

Cineasta

La Paz, septiembre de 2016


Me provocó una emoción incontenible. Porque esa emoción se contuvo durante muchos años, por una serie de razones. Pero ahora podemos ver un material, una obra, un documental, un audiovisual que no solo compila y reúne, sino que instala el significado de la ACU, y proyecta el presente de los años 78 al 82, al presente de los 2016. Estos dos presentes dialogando, constituyen un puente valiosísimo, y amplían el verdadero contexto, desde donde hay que leer e interpretar el rol y el valor de la ACU. Ahora se puede.

El documental cuenta la historia de “primera mano”, o sea, a partir de sus gestores originales. Esto tiene un valor único. Le da un sello diferencial y original, en el sentido que va a las fuentes. Sin embargo, habría sido bueno, ir más allá de estos límites. Es verdad que hay imágenes de archivo cruciales, donde se aprecia la opinión de los voceros de la dictadura, lo que genera mucho humor y hasta sorna. Pero falta la percepción del ámbito extra-universitario, del ciudadano común que era parte importante del público que asistía o llenaba nuestros festivales y encuentros. La ACU, rebasó los límites de la Universidad y sus actos masivos no se reflejan mucho en el documental. Salvo las entrevistas del pelao de la Cuadra, afuera del Caupolicán. El Mauro hizo hincapié en esto, y estoy de acuerdo con él.

Me gustó la narración, porque es simple, directa, sin estridencias, ni mucho efecto. Resulta intensa y graduada. Hay temas, contenidos que se repiten y que podrían no ir.

Es un aporte evidente. Desde aquí, se puede vislumbrar con mucha mayor precisión el significado de la ACU, como cimiento fundamental para todas las reivindicaciones y demandas en lo político-social que vinieron inmediatamente después. A nivel de las universidades y a nivel de país. Sin ACU, no habría habido (en esos años) centros de alumnos, democráticos, y por ende, FECH. De aquí en adelante “ACU, recuperando el sueño ” se transforma en una obra fundamental para releer y profundizar las verdaderas causas de los primeros movimientos de masas, contra la dictadura.

En cuanto a lo íntimo, me genera un gran ALIVIO, que alguien haya reconstruido esta realidad con tanta sensibilidad y convicción, como si la hubiera vivido “on line” y en carne propia. En ese sentido, Osvaldo, eres un Enviado del Cosmos. Has logrado no solo rescatar sino recrear artísticamente tanto esfuerzo, tanto delirio, tanta rabia, tanto llanto y tanta esperanza.

Y en ese sentido, no hay nada más que agradecimiento… Y felicitaciones.

Gregory Cohen

Actor, dramaturgo, escritor, poeta, guionista y director de teatro y cine. Ingeniero Industrial, Licenciado en Física, Bachiller y Licenciado en Humanidades de la Universidad de Chile.


CORREO ENVIADO A UN COMPAÑERO EN FRANCIA:

Estimado compañero Julien,

Hoy por la tarde fui a ver a la cineteca de la librería Le Monde Diplomatique el documental “ACU, recuperando el sueño”, del realizador Osvaldo Rodriguez, quien acometió la tarea de recuperar la historia de la Agrupación Cultural Universitaria (1977- 1981), movimiento de resistencia de los estudiantes de la Universidad de Chile a la la dictadura militar y base para la reconstrucción de la Federación de estudiantes, FECH.

Este documental, más allá de su objetivo de rescate de la memoria histórica, es también un punto de partida para explorar, hoy, iniciativas que permitan romper con el dominio ideológico que la clase dominante impone a través de múltiples mecanismos, como la educación, los medios de comunicación, el consumismo, el modelo institucional, la impunidad, entre otros.

Tal vez les interese incorporar este documental en la versión del festival Latino-docs en Toulouse, en noviembre.

Vicky Torres

Profesora Normalista


ACU, RECUPERANDO EL SUEÑO

Durante 130 minutos que parecen volar, asistimos a la historia de la Agrupación Cultural Universitaria, ACU. Escuchamos y vemos como en un caleidoscopio a decenas de mujeres y hombres que, en el contexto del horror de la dictadura, vieron como única salida agruparse y levantar las más diversas actividades culturales como foco de resistencia en universidades totalmente intervenidas y a cargo de rectores uniformados.

Pertenecen a las generaciones que ya habían iniciado sus estudios universitarios o se incorporaron el mismo 73 o pocos años después. Convivieron con el dolor, el desamparo, la desaparición de amigos y familiares, el miedo, la soledad, pero tempranamente reconocieron la riqueza de armar un colectivo en el cual la firme voluntad de hacer algo, aún indeterminado, lograría reunirlos y comenzar un nuevo proyecto sobre las ruinas.

Son dos horas deslumbrantes, que vuelan con el ímpetu y la generosidad de un gran colectivo cuyos propósitos y acciones hacen surgir lo mejor de lo humano. Nadie busca el protagonismo, apenas la sencillez de “hacer cosas”. Si bien la mayoría tenía ideas políticas de izquierda o militaban, trascienden con amplitud los límites de lo partidario y dan inicio a una actividad metódica y frenética en el campo de una creación cultural que amalgamó la plástica, el teatro, la música, la literatura, el folclore, como espacios donde la libertad era posible.

Entre los años 77 y 82 la Agrupación Cultural Universitaria desarrolló una actividad creciente de festivales y talleres en torno a muy variadas manifestaciones artísticas, envueltos en una mística que los hizo ser agentes de reunión, en un contexto en que todo se había quebrado. Adultos ahora, profesionales de áreas diversas, van entregándonos sus recuerdos testimoniales para poner ante sí mismos y ante nosotros esos magníficos años de construcción de vida y esperanza.

El fin de la Agrupación se produce de manera natural, luego de la ley general de universidades, que abrió la puerta a nuevas luchas, y del lógico recambio generacional. Pronto llegarán también las primeras grandes protestas nacionales. Impresionan algunas afirmaciones por su fuerza estremecedora: “fueron los mejores años de nuestras vidas”, “la ACU nos salvó la vida”. Y quienes los escuchamos no podemos sino estar de acuerdo con ellas, porque esas dos horas nos entregan testimonios que así lo confirman.

Sin duda, este documental merece no solo la mayor difusión, sino un lugar de honor en nuestra filmografía.  Es un aporte imprescindible para entender cómo la fuerza de un colectivo fue capaz de desarrollar y mantener un proyecto de creación cultural, que era también un proyecto político de lucha contra la dictadura,  abierto a la suma de los aportes individuales y desde el cual se gestó un arte nuevo, que hasta ahora reconocemos y valoramos.

Para las generaciones más jóvenes, estudiantes de básica y media, este documental les mostrará una verdadera épica contemporánea, en que no hay un único personaje heroico sino muchos que se suman para alcanzar los objetivos, para vencer el miedo, para tener una sociedad en que todos caben, porque  hay una posibilidad real para todo ser humano de ser y hacer aún desde las condiciones más difíciles, cuando prima el sentimiento profundo de ser parte de una sociedad que me es necesaria.

Los períodos de dictadura destrozan el tejido social, cultural, histórico, y lo hacen desaparecer para que se imponga el olvido. Por eso es tan necesario recomponer nuestra memoria fragmentada. Este documental contribuye magistralmente a la recuperación de los recuerdos y a una mayor comprensión de los hechos vividos, porque las palabras de cada persona nos van entregando elementos claves para completar imágenes parciales.

Josefina Muñoz Valenzuela

Profesional Ministerio de Educación, nivel Escuela.


En lo personal la película me provocó alegría. Hasta antes de verla tenía la idea que la historia de la ACU corría el riesgo de perderse entre tantos disparates y disparos que escucho desde de mil novecientos ochenta y dos a la fecha. Creo que con el LibrAcu, mas el libro de Victor Muñoz Tamayo y esta película, cualquiera podría hacerse una idea, una buena idea, de lo que sucedió en y con la ACU.

Pienso que la historia contada con cuatro primeras voces (dos de Ingeniería y dos de Medicina norte), cuatro segundas voces (una de Economía, otra de Ciencias y dos de Antumapu), mas el acompañamiento de voces polifacultades, permite tomar conocimiento de lo que se hacía (y no se hacía,), como se hacía, donde se hacía, porque se hacía y en especial lo que se decía, en aquella época en el ámbito de la acción social, política y cultural, dentro de la Universidad de Chile.

Pienso que para la actualidad esta película aporta testimonios directos, de cómo se puede actuar de manera efectiva, frente a una situación adversa, como lo fue la intervención del fascismo en la Universidad de Chile.

Destaco las reflexiones de Jorge Rozas, Juan Carlos Cárdenas, Jenny Gonzalez y Aglae Casanova. Destaco el que, en mi parecer, el director haya dejado libre a la cámara, es decir que se haya abstraído del “manual para hacer un documental”. Agregaría que, en mi parecer, hay algunos equívocos, por ejemplo que se mezclan dos foros que, según recuerdo, fueron muy distintos y distantes (en el tiempo). Por último propongo la entrega de “La Ciruela de Oro” y “El Hoyo (de Injenieria) de Plata” para la dupla R&R. Felicitaciones y Gracias Cabros.

Víctor Hugo López Salas

Ingeniero Informático y Poeta