LA COSTURERA

En el año 2006 mientras cursaba el Taller de Cortometraje Digital en el Instituto Fílmico de Chile, ahora extinto, me enteré del concurso de Nanometrajes organizado por Plagio (www.plagio.cl). La oportunidad de participar era propicia puesto que ya llevaba bastante avanzado en el curso de cortometraje y contaba con lo necesario para construir una pequeña historia audiovisual. La duración de no más de 30 segundos que exigían las bases del concurso, eran una ventaja aparente, pues si bien significaba poco trabajo en cuanto a rodaje y postproducción (montaje y sonido), concentrar una historia en tan poco tiempo, no es tan trivial.

La historia que decidí contar comenzó con la máquina de coser marca Singer que heredé de mi madre y ella a su vez de la suya, mi abuela Mercedes, y que conservo en mi casa, siempre en un lugar importante. Aun funciona, aunque no la uso. Uno de los recuerdos más antiguos que tengo en mi vida, cuando tendría tal vez dos años de edad, es haberme despertado leve y fugazmente, y en una tenue luz de la lámpara de ónix y bronce que había en el velador del dormitorio de mis padres, haber visto el rostro de mi madre cosiendo ropa en esta máquina, para luego volverme a dormir, escuchando el suave sonido del mecanismo accionado por el pedal. Una fugaz imagen que nunca olvidé.

Tiempo después al recordar esto en una de tantas veces, fui reconociendo otros aspectos de esa escena, como por ejemplo las emociones que sentí, el cálido ambiente nocturno, apaciguante por la presencia incondicional de mi madre, armónico y manso por el ritmo de la máquina, la estética antigua, recuerdo un muro altísimo recubierto con un papel mural de flores grandes de tonos verde oscuro sobre fondo beige. La esquina de un  mueble antiguo, tal vez una cómoda, con cubierta de mármol. Estos aspectos estéticos los identifiqué posteriormente al enfrentarme a ellos en otros sitios. También recuerdo una atmósfera con dejo de tristeza o angustia, no todo era cálido o tranquilo. Sin explicación alguna, siempre mantuve el recuerdo de esa sensación. Cuando comenté este recuerdo con mi madre sin mencionar esto último, ella me contó que esas eran las noches en que se quedaba en vela, cosiendo ropa para nosotros o para ella en la máquina, pues mi padre por su trabajo, viajaba con cierta frecuencia a Talca y otras ciudades del sur de Chile. Para sostener la ausencia y la espera, ella cosía.

Me pareció que la escena era elocuente y no me costó mucho llevarla a una historia visual. Su realización, con mi hija Lilith como protagonista y la ayuda de Claudio Tapia y mi hijo Aiol en la fotografía, fue una experiencia maravillosa. Una vez pasado el concurso decidí extender su duración para poder dar los énfasis en imagen y ritmo, que la apretada duración del concurso no permitía.

Un sencillo homenaje a mi madre, Nina.